Tuesday, January 8, 2008

La Buena Semilla, La Palabra de Dios

Recibí estas meditaciones y las comparto porque estoy seguro que serán de mucha bendición para tu vida:

LA PALABRA DE DIOS


Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Jeremías 29:11


¿Tiene sentido su vida?
¿Por qué nací? Yo no pedí venir al mundo. ¿Cuál es el sentido de mi vida? Todos nos hemos formulado alguna vez estas preguntas. Reflexionando al respecto,– hay quienes reconocen que la vida es corta y procuran disfrutarla al máximo; pero en la tierra todo llega a su fin… ¿y después qué?–Hay quienes viven sólo para amontonar dinero; pero después de ellos, ¿a dónde irá a parar su fortuna?–Hay gente desesperada cuya vida va de decepción en decepción, y entonces terminan suicidándose porque no encuentran una razón de vivir:–También están aquellos cuya loable meta es servir a su prójimo, ser buenos ciudadanos y criar bien a sus hijos. Pero, esta buena conducta sólo adquiere su verdadero sentido si se actúa con Dios y para Dios.¿De dónde venimos y adónde vamos? Estas son las preguntas que cada uno debería formularse y ante las cuales la sabiduría humana queda sin respuesta. Pero, ¡qué felicidad! Dios nos responde. La Biblia nos explica por qué hemos sido creados, por qué estamos en la tierra, por qué hay que morir, etc. Apropiarse de las respuestas que ofrece la Biblia a estas preguntas hasta aceptarlas por la fe da un sentido a nuestra vida. “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:13-14).
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La salvación ofrecida a todos
En la sinagoga de Nazaret Jesús se levantó para leer en el rollo del profeta Isaías un texto que se refería a él: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas… Hoy se ha cumplido esta Escritura” (Léase Lucas 4:16-30). ¡Qué sorprendente discurso, tanto más admirable por ser el del hijo del un carpintero! Los oyentes estaban de acuerdo en escuchar palabras que agradaban al corazón, pero no las exhortaciones que removían la conciencia. La emoción pasajera no es prueba de fe. Jesús, quien se percató de la incredulidad de sus conciudadanos, les habló luego de dos personas «no judías» que habían sido privilegiadas. Este pensamiento los enojó y los incitó a echarle brutalmente de la ciudad. Pensaban ser los únicos de quienes Dios se ocupaba.Es un relato que nos hace pensar en la semilla de la parábola del sembrador, la que cayó en pedregales (Mateo 13:5-6, 20-21). Germinó y se secó pronto bajo el sol ardiente, pues no tenía raíces. Esta semilla representa una emoción pasajera, sin porvenir.Para que la Palabra brote y lleve fruto, la semilla tiene que caer en un corazón bien arado, que se reconoce pecador. La salvación es para todo aquel que escucha; sin distinción de raza, nacionalidad… “El que tiene oídos para oír, oiga”, concluyó el Señor Jesús.
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Un mandamiento de Dios
Quizá existan leyes humanas de las que el hombre consigue huir sin que sufra las consecuencias… Pero, he aquí un mandamiento que no se debe ignorar, ya que viene de Dios.“Dios… manda”. No es un consejo ni una recomendación, es una orden. Si usted le desobedece, tendrá que sufrir las consecuencias. La orden es actual: Dios “ahora manda”. Hoy es el tiempo de la gracia, el día de la salvación. ¿A quién se dirige este mandamiento? “A todos los hombres”. No hay ninguna excepción, ni de raza ni de lugar: “en todo lugar”. Quienquiera que usted sea, esa divina orden, urgente y universal, le concierne.¿Qué es lo que Dios manda? Que todos los hombres se arrepientan. Arrepentirse es reconocerse pecador perdido, culpable ante Dios y merecedor de su justo juicio. A quien se reconoce como tal, Dios le ofrece su perdón; esa es la única condición: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).La orden que Dios da no puede dejar a nadie indiferente, “por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia” (Hechos 17:31). El juez ya ha sido designado: es Jesús. O usted le acepta hoy como su Salvador, o él será su juez mañana. Dele su respuesta ahora mismo.
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Pensamientos de Einstein
Durante muchos meses la revista «Time» procuró determinar a quién elegiría como «la personalidad del siglo XX». Después de muchas y variadas propuestas, Einstein (1879-1955) quedó como el ilustre vencedor. Fue un investigador, recibió el premio Nobel de Física, fue un convicto sionista y un filósofo.Una eminente personalidad dijo de Einstein: «Él amplió la investigación de la humanidad acerca de un universo infinito, pero al mismo tiempo demostró que el ser humano es un ser finito». Einstein se colocaba él mismo en esta posición y hablaba de Dios con cierta humildad y temor. «Dios no juega a los dados con el universo que creó». Con estas palabras el físico se colocaba en una posición contraria a la de algunos científicos que piensan que el universo se originó casualmente del caos mediante un estallido inicial.Ese genio de las Ciencias incluso dijo: «Por medio de las matemáticas sé que existe un Dios, pero con las matemáticas no puedo encontrar a Dios».No sabemos si este hombre halló la paz con Dios, pero una cosa sabemos: el gran Dios todopoderoso se acerca a aquel que se inclina humildemente ante él y cree en su Hijo Jesucristo, quien fue hecho hombre y vivió en esta tierra. Al morir en la cruz por los pecados de cada persona, el Salvador nos abrió el camino hacia Dios. La fe en Jesucristo es el único medio para acercarnos a Dios y obtener la salvación y la vida eterna.
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congrega
Un nombre que salva.A menudo se oye decir que todas las religiones son buenas y que los que las practican sinceramente serán salvos. La Biblia afirma lo contrario: “En ningún otro hay salvación”, sino en Jesús (Hechos 4:12). El Señor mismo declaró: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Él no es, pues, un camino entre otros, sino el único camino para ir al Padre. Quien se reconoce un pecador perdido y cree en Él, será salvo. No existe otro medio de salvación.Un nombre que congrega.El Señor Jesús también se presenta como centro de reunión para quienes ha salvado. Él mismo declaró: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). El día de la resurrección, en la noche, Jesús vino a sus discípulos, y les dijo: “Paz a vosotros”. Luego les mostró sus manos y su costado traspasados en la cruz, manifestación de Su amor por ellos. ¡Qué gozo para ellos ver al Señor! (Juan 20:19-20).Hoy en día, dos mil años después, los creyentes reunidos alrededor de él experimentan el mismo gozo, aun cuando a veces sólo dos o tres se hallen congregados en un mismo lugar. Juntos comprenden que la presencia del Señor es la razón de ser de la reunión y es la que le da todo su valor.
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Creencia o fe
Para ilustrar su definición de la creencia, un profesor de filosofía decía a sus estudiantes que pensasen en la salida de un oficio religioso, y agregaba: –Toda esa gente, a fuerza de decir que sería tan bueno que hubiera un porvenir después de la muerte, termina por persuadirse de ello.Sin embargo, es importante distinguir entre creencia y fe. Tomemos un ejemplo:Imagínese que dos personas se dirigen hacia la estación de tren:La primera espera encontrar un tren para el destino que le interesa. Lo desea profundamente y se convence de que lo hay. Es una autopersuasión que pertenece al ámbito de la creencia.La otra se dirige igualmente a la estación, pero tiene en el bolsillo un papel con el horario. Esta persona no necesita persuadirse de que habrá un tren, pues lo sabe. Su horario se lo indica claramente.¡Esta es la diferencia! Una creencia se basa en una persuasión un poco mística, mientras que la fe es la confianza en las declaraciones de la Biblia, que es la Palabra de Dios.Quizá alguien objete que la creencia está en el hecho de creer que la Escritura es la Palabra de Dios. A tales objeciones sólo se puede responder: Lea la Biblia honestamente. Como convenció a muchos otros, ella también le convencerá a usted de Su poder y origen divino.
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Dar gracias a Dios
Muchos creyentes tienen la costumbre de dar gracias antes de cada comida. Al hacerlo, agradecen a Dios por todo lo que les da. Además esta oración manifiesta una actitud de humildad, porque por naturaleza tenemos la tendencia a considerar que todo lo que compramos es nuestro y que no tenemos que agradecer por ello a nadie. Jesús nos dio su ejemplo. Para alimentar a una muchedumbre de más de cinco mil personas la primera vez y cuatro mil la segunda, le trajeron algunos panes y peces. Era poco, pero un milagro los multiplicó. Antes de repartir esa comida, en los dos relatos leemos que el Señor levantó los ojos al cielo y bendijo (Mateo 14:17-21 y 15:36). Bendecir o dar gracias antes de comer debería impedir que luego nos quejemos por la comida que se nos sirve.Debemos agradecer a Dios no sólo por nuestros alimentos, sino también por todos los bienes que tenemos, por los felices momentos que pasamos en familia o reunidos ante Dios, y por la paz que reina en nuestro país, si por la gracia de Dios ese es nuestro caso. Con esta enumeración no se acaba la lista de todas las bendiciones divinas que deben suscitar el agradecimiento de nuestros corazones.El apóstol Pablo aun podía invitar a los tesalonicenses, perseguidos a causa de su fe, a dar gracias “en todo” (5:18). Porque todo lo que nos ocurre es permitido por Dios. Y aunque ahora no entendamos el motivo de tales pruebas, un día lo sabremos, cuando el Señor Jesús nos revele todo lo que hizo por nosotros en el curso de nuestra vida en esta tierra.

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